Por Miguel Jofré, Socio y Director de Estrategia y Desarrollo TIRONI
Mirado con atención y algo de perspectiva, el acuerdo entre Codelco y SQM en el Salar de Atacama es valioso tanto por su resultado como por el proceso que lo hizo posible, pues fue capaz de romper esquemas muy arraigados: lo público y lo privado como mundos separados; las comunidades indígenas por un lado y la minería por otro; el medio ambiente enfrentado a la rentabilidad; el beneficio global versus el impacto local.
Uno de los principales méritos de este proceso fue ir más allá de los requisitos legales y administrativos para enfrentar prejuicios y desconfianzas que estaban muy presentes al inicio. Desde nuestro rol como consultores acompañamos ese trabajo y fuimos testigos de cómo, semana a semana, ambas empresas fueron convergiendo en miradas y prácticas comunes, y cómo se conformó un equipo amplio que asumió el diálogo como base de su trabajo interno y de su relación con los actores locales del Salar de Atacama.
Por eso, nos parecieron curiosas las críticas que se hicieron al proceso desde parte del mundo político y algunos entornos corporativos, pues éste se construyó desde la apertura y el involucramiento temprano. Entre marzo de 2024 y diciembre de 2025 se sostuvieron más de 100 reuniones con comunidades indígenas y actores locales. Las comunidades conocieron el contrato de asociación antes de que fuera firmado por ambas empresas, realizaron observaciones sustantivas y participaron activamente en la Consulta Indígena liderada por CORFO. Es verdad, ese proceso de diálogo intenso no se dió donde el establishment está habituado, sino
El resultado se expresa en la gobernanza definida para Novandino Litio: un modelo de relación entre empresa y comunidades, que rompe esquemas conocidos y deja una vara alta para futuros proyectos, pues establece mecanismos permanentes de transparencia y participación de las comunidades indígena en los distintos niveles de decisión de la empresa.
Más allá del gran negocio que este acuerdo significa para el país, muestra que es posible construir nuevas formas de alianza entre lo público, lo privado y lo social. Desde TIRONI fuimos parte de un proceso que se hizo fuerte no por la imposición de poder, sino por la calidad del diálogo que fue capaz de sostener.