Ecuador.- “Canallada” fue uno de los respetuosos términos que utilizó el Presidente para calificar la posición de Alberto Acosta y Fander Falconí en el tema del campo petrolero Ishpingo-Tiputini-Tambococha (ITT). Que se sepa, ninguno de los dos economistas ha militado en las filas de la partidocracia como para que se merezca un calificativo de esa naturaleza. A lo mucho, a uno de ellos se le puede acusar de haber colaborado con la prensa corrupta. Pero parece que ambos han sido parte de un cuerpo enemigo, el ecologismo infantil, que por su capacidad de mimetizarse en las filas de la revolución ciudadana no había sido descubierto antes. Ahora, gracias a la sagacidad para ver y analizar los hechos, se ha podido conocer que el agazapado enemigo –con Acosta y Falconí a la cabeza- ha sido el autor del fideicomiso que pretendía entregar a manos extranjeras el manejo del dinero obtenido a cambio de que el petróleo quede bajo tierra.
Fander Falconí (FF para los apurados y F2 para los algebraicos) fue muy cauto en sus explicaciones. Con la parsimonia de un notario certificó la partida de defunción del proyecto, aunque con un poco de retraso porque ese era un muerto que hace muchos meses estaba en su proceso de descomposición. Mejor dicho, nunca nació. Impulsar el proyecto de no explotación del petróleo al mismo tiempo que se mantenían conversaciones con las empresas petroleras para que hagan lo único que ellas saben hacer, era condenarlo al fracaso. Por ello, no se sabe si fue ingenuidad o admirable entereza la que mostraron quienes confiaron en el proyecto a lo largo de tanto tiempo.
Alberto Acosta (AA para los apurados y A2 para los algebraicos) fue más duro. Él vio la mano de los intereses petroleros detrás del exabrupto presidencial. Así devolvió, con la misma energía, la pedrada que le había mandado el primer mandatario unas horas antes. Como en la revolución no hay medias tintas, la acusación mutua –la pedrada de lado y lado- fue que las acciones del otro constituían un atentado a la soberanía nacional. Eso es algo que debe resultar doloroso para quienes han tenido a la Patria Tierra Sagrada como cortina musical de todos sus actos.
En la ecuación planteada a partir del exabrupto sabatino, la marginación de A2 y F2 significa la anulación de ITT. Los ecologistas adultos –los fieles, los que quedaron adentro- deberán hacer actos de magia para demostrar a los otros países que el Presidente no dijo lo que dijo y que todo sigue igual. En lo político y en lo económico, los términos de aquella ecuación arrojan un resultado igual a cero en las optimistas propuestas que fueron recogidas en Asedios a lo imposible. En ese libro del año 2005, los amigos de entonces delinearon la ruta que llevaría a abandonar lo que ellos llaman extractivismo. Eran tiempos en que sospechar de la influencia de poderosos intereses no era una canallada. Era el tiempo de lo imposible que siempre sucumbe ante la tosquedad de lo posible.