La derrota que sufrieron las empresas encuestadoras en las elecciones colombianas del último domingo de mayo es una buena pista para comprender algo de la política de allá, pero también de la que se hace a este lado de la frontera. Esa brecha de más de veinte puntos porcentuales no se explica únicamente por errores de la muestra y mucho menos por las malas intenciones que algunos han querido detectar. Más allá de todos los problemas técnicos, detrás de ese fracaso hay una realidad política muy particular y diferente a la que se vive acá.
Hay una extraña paradoja en el proyecto de ley de reconstrucción. El Presidente ha propuesto un aumento de los impuestos a las grandes empresas que lo distancia de los arquetipos de la derecha. Los adversarios históricos reunidos en la Concertación se oponen al proyecto, no porque les disguste, sino porque sospechan de él. ¿Está aquí el fondo del debate? No. Está en un intangible que desborda los datos y el proyecto mismo: la confianza política.
El primer paso en la reconstitución de la Concertación: eso es lo que ha sido, en la última línea, la junta nacional que este fin de semana celebró la Democracia Cristiana. Reconstitución no quiere decir, en este caso, que vuelva a configurarse como fue hasta ahora. Sólo quiere decir que se propone sobrevivir como conglomerado con aspiraciones de gobernar.
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